martes, 1 de marzo de 2011

Drepanocytosis e infecciones...

El asunto de las infecciones es espinoso en todos los enfermos de anemia falciforme, a la par que importante. No sé muy bien a qué es debido, pero somos un imán para ellas, y eso lo sufrí en mis carnes (con mucho dolor y muchas lágrimas, os lo aseguro). Los que sufren de Drepanocytosis plena (like me) sabrán de lo que hablo: Infecciones de orina, de cualquier cosa que os podáis imaginar.Para que sepáis de lo que hablamos vosotros que tenéis la gran suerte de estar sanos, contaré una anécdota que en su tiempo fue todo lo contrario para mi. El tratamiento aplicado a cada enfermo varía según la zona donde vive. Si te encuentras en una aldea perdida de la mano de Dios de cualquier país, pues lo tienes un poco más chungo que los que viven en capitales o cerca de buenos hospitales. Mi caso es el segundo, vivo cerca (relativamente; pues no podría ir andando) de uno con un buen servicio de hematología. Debo de reconocer que el hematólogo-jefe (mi médico) nunca antes tuvo a enfermos de anemia falciforme y todo lo que sabía de la enfermedad era teórico; y que está aprendiendo lo enrevesado de la enfermedad mientras nos sigue a mi hermana y a mi. Contra las crisis y el dolor (que es indescriptible), nos recetó unas pastillas fuertes; y si no era suficiente (que a veces, el dolor es tal que no hay fármaco en la tierra que pueda meterlo en cintura), recetó también inyecciones. En unas de las numerosas crisis que suelo sufrir, me puse unas inyecciones que me harían más daño que bien... No me malinterpretáis, con gran dificultad me calmó el dolor, pero me dejó otro regalito que me llevaría a quirófano. Días más tarde, tenía la zona donde me había puesto la inyección roja e inflamada, no se podía tocar y para cerrarme un pantalón, veía las estrellas. No pude mas, me fui a urgencias, y pretendieron abrirlo allí mismo conmigo despierta, notando cómo la fina hoja del bisturí cortaba mi piel; y una vez cortada la piel de mi estómago, notar cómo se metían los utensilios quirúrgicos y los dedos del más que torpe personaje que pretendía limpiarme una profunda herida quirúrgica conmigo despierta, hasta que llegó mi médico (mi salvador) y cesó la tortura china... o eso creía, pobre de mí!!!!!!
Me volvieron a llevar al quirófano y esa vez me durmieron ya que la infección se estaba propagando y no se podía limpiar bien... Dos veces, dos!!! Una mísera infección me llevó dos veces a operación!!!!!!
Amazing!!! Pero no es todo, tener la Drepanocytosis significa tener que librar una lucha diaria contra la enfermedad y contra las barreras que ésta nos pone en cada momento en cualquier aspecto imaginable de la vida, por muy nimio que sea. Os aseguro que uno se piensa dos veces las cosas cuando sufre de una enfermedad como la nuestra, en la que una simple infección te lleva al quirófano... Bueno, no sería la última vez, pero eso es otra historia. Desde entonces, vigilo muy bien dónde y cómo me pongo las inyecciones; y lo hago aún más cuando soy incapaz de hacerlo por mi cuenta. Si una persona sana tiene que estar limpia para sentirse bien y evitar problemas eventuales de salud, un enfermo de anemia drepanocítica tiene que extremar la higiene hasta límites insospechados; seguir a rajatabla el horario de toma de medicamentos y prepararse mejor que un cirujano antes de una operación; antes de ponerse una inyección... Y aún así nadie os pone a salvo de sorpresitas desagradables.
Vuelvo a repetir lo que rezan todos mis artículos en mi blog: la vida es bella y merece ser vivida. Si para ello tenemos que ir con más cuidado que los demás, o pensarnos las cosas hasta 10 veces, o luchar el triple que cualquier otra persona que sí, está sana, pues se hace y ya está: You can be sure that it is worth it so much!!!
A vivir la vida, con pasos de plomo y con conocimiento; pero a vivirla a tope.
                                                                                           blackelve.

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